la paja en el ojo del otro...
Definitivamente necesitamos revisarnos como individuos. Es imperioso que tengamos un proceso introspectivo que nos obligue a evaluarnos como sujetos en relación, con nosotros, con nuestra familia, con los vecinos, con los desconocidos, con el entorno.
Debo dar gracias a Dios que puedo correr y que he podido asistir a muchas carreras de diferentes distancias y a 5 maratones. El correr me ha permitido momentos de soledad, en los cuales puedo estar concentrado en mis pensamientos, analizando lo que soy y hacia donde voy. También me ha permitido el poder experimentar el relacionarme con muchas personas con quienes solo tengo en común el gusto por correr, por estar un determinado número de kilómetros batallando contra nosotros mismo, luchando por llegar y por romper nuestra propia marca. A veces se logra, otras veces no se logra, a veces llegamos, otras veces no lo hacemos.
Sin embargo, la experiencia común en estas situaciones ha sido la consideración por el otro. En términos generales, no digo que no se presenten sus excepciones, durante las carreras y mucho mas, durante los maratones, se respira en el ambiente un sentimiento generalizado de respeto y consideración hacia el otro.
No nos vemos como seres diferentes, nos vemos como personas, como humanos que tenemos algo que nos une, tenemos algo en común, lo que crea un vínculo que de una manera nos hacer ser miembros de un algo mayor.
Desgraciadamente, esta sensación se pierde luego que pasamos la meta y volvemos a despojarnos de nuestro alter ego, cuando volvemos a ser ciudadanos de a pie.
Ya no tenemos conexión con el que tenemos al lado, ya las calles en las cuales transitamos no son un sitio que queremos conocer y usar como parte de nuestras herramientas para mejorar, por lo cual las cuidamos. Todo eso lo perdemos, volvemos a ser agresivos, groseros, "vivos" e irrespetamos al otro y nos irrespetamos a nosotros mismos.
Me impresiona la forma en la cual podemos ser tan volubles, podemos considerar al otro como
" el pana que corre duro" en un momento, para luego, en cuestión de horas, considerarlo el "hijo de su madre que se atravesó", en el mejor de los casos.
Supongo que la experiencia de camaradería que se crea cuando corremos, no es algo exclusivo de este deporte, creo que se da en todos los eventos donde nos reunimos con un objetivo en común.
Entonces, aquí aparece la pregunta, ¿ no podemos aprender esta forma de relacionarnos y extrapolarla en todos los ámbitos de nuestra vida?.
Creo que es en este punto en el cual podemos arrancar a ser más humanos.
Seguro muchos pensaran que soy un romántico, pero les narro muy brevemente una historia de un muy querido amigo durante el pasado maraton de NY:
Como todos los que corrimos, mi amigo invirtió meses en su preparación y arranco el 01-11-2009 dispuesto a terminar su maraton. En un punto del mismo, su rodilla decidió que no corría más ese día y no hubo forma, mi amigo decidió caminar hasta la meta, quizás 20 km, para lograr por lo menos terminar.
Mientras caminaba, rodeado de 40.000 personas, conoció a una mujer con un problema similar, que vive en el país de origen de mi amigo, del cual emigró hace años. Caminaron juntos hasta el final, dándose ánimos para terminar, a pesar de sus lesiones. Dos perfectos extraños.
Creo que la vida puede ser de esa forma, solo necesitamos el vinculo que nos una.
Debo dar gracias a Dios que puedo correr y que he podido asistir a muchas carreras de diferentes distancias y a 5 maratones. El correr me ha permitido momentos de soledad, en los cuales puedo estar concentrado en mis pensamientos, analizando lo que soy y hacia donde voy. También me ha permitido el poder experimentar el relacionarme con muchas personas con quienes solo tengo en común el gusto por correr, por estar un determinado número de kilómetros batallando contra nosotros mismo, luchando por llegar y por romper nuestra propia marca. A veces se logra, otras veces no se logra, a veces llegamos, otras veces no lo hacemos.
Sin embargo, la experiencia común en estas situaciones ha sido la consideración por el otro. En términos generales, no digo que no se presenten sus excepciones, durante las carreras y mucho mas, durante los maratones, se respira en el ambiente un sentimiento generalizado de respeto y consideración hacia el otro.
No nos vemos como seres diferentes, nos vemos como personas, como humanos que tenemos algo que nos une, tenemos algo en común, lo que crea un vínculo que de una manera nos hacer ser miembros de un algo mayor.
Desgraciadamente, esta sensación se pierde luego que pasamos la meta y volvemos a despojarnos de nuestro alter ego, cuando volvemos a ser ciudadanos de a pie.
Ya no tenemos conexión con el que tenemos al lado, ya las calles en las cuales transitamos no son un sitio que queremos conocer y usar como parte de nuestras herramientas para mejorar, por lo cual las cuidamos. Todo eso lo perdemos, volvemos a ser agresivos, groseros, "vivos" e irrespetamos al otro y nos irrespetamos a nosotros mismos.
Me impresiona la forma en la cual podemos ser tan volubles, podemos considerar al otro como
" el pana que corre duro" en un momento, para luego, en cuestión de horas, considerarlo el "hijo de su madre que se atravesó", en el mejor de los casos.
Supongo que la experiencia de camaradería que se crea cuando corremos, no es algo exclusivo de este deporte, creo que se da en todos los eventos donde nos reunimos con un objetivo en común.
Entonces, aquí aparece la pregunta, ¿ no podemos aprender esta forma de relacionarnos y extrapolarla en todos los ámbitos de nuestra vida?.
Creo que es en este punto en el cual podemos arrancar a ser más humanos.
Seguro muchos pensaran que soy un romántico, pero les narro muy brevemente una historia de un muy querido amigo durante el pasado maraton de NY:
Como todos los que corrimos, mi amigo invirtió meses en su preparación y arranco el 01-11-2009 dispuesto a terminar su maraton. En un punto del mismo, su rodilla decidió que no corría más ese día y no hubo forma, mi amigo decidió caminar hasta la meta, quizás 20 km, para lograr por lo menos terminar.
Mientras caminaba, rodeado de 40.000 personas, conoció a una mujer con un problema similar, que vive en el país de origen de mi amigo, del cual emigró hace años. Caminaron juntos hasta el final, dándose ánimos para terminar, a pesar de sus lesiones. Dos perfectos extraños.
Creo que la vida puede ser de esa forma, solo necesitamos el vinculo que nos una.
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