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Mostrando entradas de enero, 2013

La felicidad de Blanca y lo que mi madre no entiende

Mientras la veo caminando rampa abajo, veo lo delgada que es, los años que carga en su espalda, las noches de angustia y quien sabe cuantas penas que su rostro surcado de arrugas no refleja. Blanca camina con una sonrisa en la cara, se le ve alegre, como que al fin le sacó algo a la vida, a la dura lucha que mantiene. Me paro a su lado y la saludo, con cariño, no se por qué, pero su forma de ser me hace tenerle aprecio, a pesar que nos conocemos poco. Le pregunto sobre su vida, no la veo desde mediados de diciembre y ya casi se nos fue enero. Alegre me cuenta que al fin le adjudicaron el apartamento, que a su hija también. Dos años su hija, uno y algo ella viviendo en los refugios, pero al fin les dieron las llaves. Esa noticia me alegra sinceramente, definitivamente, me hace ser feliz el hecho que ahora Blanca y su hija tengan un techo, que no tengan que temer por la lluvia, que puedan decir que tienen casa. Me cuenta unas cuantas cosas más, pero no hay forma de que esconda la alegría...