Las lluvias y la solidaridad
Pareciera que en nuestro país nunca estaremos preparados para absolutamente nada. Hace unos meses, cuando la sequía arreciaba y los incendios destruían nuestros bosques y sabanas, vivíamos rogando por la lluvia. Parte de esta desesperación se originaba en la creencia que nuestro problema eléctrico se originaba por la falta de un adecuado nivel de los ríos que alimentan las represas. Pues bien, llegaron las lluvias, mucho más intensas, se desbordan los ríos y los cerros se vienen abajo. Esta situación no es nueva, ya lo vivimos cuando el deslave, lo vivimos todos los años en mayor o menor manera, pero siempre el espectáculo, triste y desolador es el mismo. Cientos de personas en la calle, sin un lugar donde guarecerse de la lluvia, familias enteras abandonadas a su suerte, niños y ancianos muertos o desaparecidos... En estas circunstancias siempre se hace un llamado a la colectividad a colaborar con el más necesitado, a obrar con misericordia y recordar que las obras misericordiosas son...