Volver a empezar

Llegaron las lluvias, con ellas, llegó el olor a tierra mojada, el ruido de las gotas cuando golpean los techos de zinc, el ver los árboles retoñar. Es parte del ciclo de la vida, el ver crecer de nuevo todo aquello que había languidecido bajo el calor agobiante del verano. Es el retoñar de todo, es el tener enfrente el espectáculo de volver a empezar.
Cuando era niño siempre viví entre absolutos, una cosa era positiva o era negativa, una acción era correcta o no, una persona era buena o mala. Mi niñez y mi adolescencia transcurrieron entre juicios de valor estrictos, lo cual muchas veces me generó conflictos, ya que no siempre lograba ver el mal o el bien donde se suponía que estaban.
Cuando crecí y a medida que voy envejeciendo, voy encontrando en el camino que las cosas sencillamente ocurren, ocurren cosas que son buenas, ocurren cosas que son malas y, de parte de cada uno esta el quedar situado en un extremo u otro. Muchas veces, personas muy buenas, con una trayectoria intachable sencillamente hacen algo muy malo, otras veces, gente cuya vida demuestra actitudes totalmente negativas, nos sorprende haciendo cosas extraordinarias. Son buenos? Son malos?, solo somos seres humanos, nada más.
La capacidad de cambio, la capacidad de aprender, la posibilidad de "retoñar", tal como ocurre cuando llega el invierno, es una de las cosas más maravillosas de las cuales dispone el ser humano.
Somo capaces de enmendar nuestros errores, somos capaces de rehacer nuestras vidas y, a pesar que el dolor que hicimos a los que nos rodean no es posible borrarlo, es posible esforzarnos por lograr su perdón, o por lo menos, tratar de hacer el bien a todas las demás personas con las cuales nos encontremos en nuestro camino.
Muchas veces, de una manera fortuita e inesperada, nos encontramos en la posibilidad de ayudar a alguien, de realizar una labor que beneficiará a otro u otros. Sin importar si somos las personas perfectas o el mejor modelo a seguir, en nuestras manos nos encontramos con la posibilidad de hacer el bien y de enderezar con ese bien nuestro camino. Creo que en esos momentos no debemos pensar si somos los indicados o no para actuar, sencillamente debemos hacer nuestro mejor esfuerzo, debemos actuar con el mejor de los sentimientos y ver qué sucede.
Quizás nuestros esfuerzos no sean premiados con el Nobel, quizás nadie siquiera se entere que hicimos algo bueno, incluso los beneficiados nunca sepan que existimos, pero creo que debemos estar seguros que esa posibilidad de hacer algo bueno, es la oportunidad de construirnos como seres completos, como personas capaces de soportar nuestra propia presencia, capaces de enfrentarnos con nuestra conciencia y poder decir que volveríamos a actuar de la misma forma.
Tal como Pablo, que a pesar de haber sido un perseguidor, cambió y se convirtió en uno de los apóstoles con mayor influencia, la posibilidad de cambio existe, no desperdiciemos cuando llueve para poder retoñar.

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