El juego del miedo

El clima en el cual hemos estado sumergidos este año ha sido particularmente intenso. Desde sus inicios, la cantidad de leyes, modificaciones, declaraciones, discursos, ataques, respuestas y denuncias han provocado que los niveles de angustia del ciudadano común aumenten considerablemente.
Ante todo este escenario, muchas veces me pregunto cómo poder seguir viviendo?, cómo lograr levantarse en las mañanas y tener fuerzas para enfrentar el tráfico, el trabajo, los precios de los alimentos, la inseguridad, la falte de agua, aseo y, últimamente, electricidad ?, cómo podemos seguir teniendo esperanzas, cuando el día a día nos trae violencia y más violencia?
Es difícil el poder tener fe en un futuro cuando a nuestro alrededor lo que encontramos son mensajes violentos, cuando las noticias que recibimos son cada día peores. Cuál es nuestra salida, huir, escapar del país?. Dentro de este contexto, cada vez comprendo mejor a los cubanos que saltan al mar y arriesgan su vida en busca de un lugar donde poder vivir en paz, donde esperan poder trabajar y tener esperanzas de una vida mejor, sin persecuciones por ser o pensar diferente.
El ambiente en el cual estamos sumergidos ha provocado en mi una sensación de asfixia tal que es difícil soñar, imaginar, tener un proyecto de vida y esperar un final feliz. Entiendo que la vida no es como las novelas o las películas románticas, pero necesitamos poder tener un horizonte al cual mirar y que sirva de guía en nuestro andar.
Me resulta sumamente triste que estemos sumidos en un país en el cual no hay posibilidad de dialogar, de hacer proyectos comunes, donde dos sectores procurar acabar con sus respectivos adversarios, sin importar lo que se pierda en la contienda.
Creo que necesitamos revisarnos, tratar de entender al otro, dejar de ser soberbios y aceptar que no somos poseedores de la verdad absoluta. El respetar al otro pasa por el derecho a existir, a ser respetadas sus ideas, a permitir su trabajo, a no ser blanco de críticas continuas y constantes, en pocas palabras, es el derecho de ser y dejar ser. Mis ideales de justicia no necesariamente coinciden con los de mi vecino, es por eso lo importante del diálogo, pero no un diálogo falso, al contrario, un compromiso real de sentarnos y revisar nuestras diferencias y llegar a un acuerdo de convivencia que permita que TODOS podamos vivir en paz. No resolvemos nada respondiendo a los insultos con insultos, criticando como norma de vida y atacando al diferente por el solo hecho de ser diferente. Creo que debemos seriamente tomar conciencia que nuestro futuro en este país depende de que TODOS somos importantes, sin importar si pensamos diferente, lo que nos obligaría a lograr entendernos, pero para ello, es necesario que depongamos nuestra soberbia, que entendamos que por mucho poder que tengamos, eso no es garantía de poseer la verdad, ya que la verdad es relativa, no absoluta.
Es por eso que debemos recordar la parábola: "El que este libre de culpa que lance la primera piedra..." y acto seguido se fueron retirando todos, comenzando por los más ancianos, que a fin de cuentas, eran los que se suponía que tenía la verdad en su mano. Interesante no?, la parábola no solo nos habla de no juzgar, también nos enseña que a pesar de lo que se crea, la verdad no siempre está donde suponemos.

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