No teman
En la misa de este domingo este fue el tema central, no temer, el Señor esta cerca, debemos tener paciencia para resistir y esperar la próxima llegada del Cristo.
Muchas veces hemos recibido este mensaje, esperar contra toda esperanza, pero creo que en estos momentos más que nunca debemos apoderarnos, adueñarnos del mismo y tratar de que cale en lo más profundo de nuestro ser y de nuestro corazón.
Vivimos tiempos muy complejos, en los cuales no logramos entender el comportamiento del prójimo, lo cual nos vuelve agresivos y violentos. Adicionalmente, los desastres naturales a los cuales nos enfrentamos añaden una muy dura realidad, de la cual no somos ni ajenos, ni podemos volver la espalda. Esta complicada realidad muchas veces nos deja sumidos en una profunda depresión, en la cual sentimos que no existe una salida, no logramos ver un camino, una luz al final que nos guíe.
Damos vueltas y vueltas y, al parecer, la única salida pasa por la aceptación de condiciones de vida en las cuales la dignidad de ser humano es pisoteada, teniendo que aceptar ideas y formas de actuar que no se corresponden con nuestros principios.
Creo que es aquí donde radica la trampa en la cual estamos sumidos. Es necesario que tengamos claro que la salida de cualquier situación debe lograrse en forma colectiva. Nuestra sociedad debe buscar salidas en las cuales los derechos de todos los ciudadanos sean respetados, donde las posibilidades de vida se encuentren en forma homogénea para todos. No es lógico que los procesos de cambio con los cuales mucha gente cuenta, solo sean el sustituir una forma de esclavitud por otra.
Necesitamos no tener miedo, necesitamos asumir nuestro compromiso individual de respeto al ser humano, nuestro compromiso de pensar en forma colectiva, lo cual nos llevará por el camino de crear una sociedad de inclusión, de comunión entre todos, de forma de poder volver a tener esperanza en un futuro mejor para todos los habitantes de esta tierra.
Dios nos guíe y nos conceda la paz de mente y espíritu para vernos reflejados en el otro, sin importar cómo sea el otro.
Muchas veces hemos recibido este mensaje, esperar contra toda esperanza, pero creo que en estos momentos más que nunca debemos apoderarnos, adueñarnos del mismo y tratar de que cale en lo más profundo de nuestro ser y de nuestro corazón.
Vivimos tiempos muy complejos, en los cuales no logramos entender el comportamiento del prójimo, lo cual nos vuelve agresivos y violentos. Adicionalmente, los desastres naturales a los cuales nos enfrentamos añaden una muy dura realidad, de la cual no somos ni ajenos, ni podemos volver la espalda. Esta complicada realidad muchas veces nos deja sumidos en una profunda depresión, en la cual sentimos que no existe una salida, no logramos ver un camino, una luz al final que nos guíe.
Damos vueltas y vueltas y, al parecer, la única salida pasa por la aceptación de condiciones de vida en las cuales la dignidad de ser humano es pisoteada, teniendo que aceptar ideas y formas de actuar que no se corresponden con nuestros principios.
Creo que es aquí donde radica la trampa en la cual estamos sumidos. Es necesario que tengamos claro que la salida de cualquier situación debe lograrse en forma colectiva. Nuestra sociedad debe buscar salidas en las cuales los derechos de todos los ciudadanos sean respetados, donde las posibilidades de vida se encuentren en forma homogénea para todos. No es lógico que los procesos de cambio con los cuales mucha gente cuenta, solo sean el sustituir una forma de esclavitud por otra.
Necesitamos no tener miedo, necesitamos asumir nuestro compromiso individual de respeto al ser humano, nuestro compromiso de pensar en forma colectiva, lo cual nos llevará por el camino de crear una sociedad de inclusión, de comunión entre todos, de forma de poder volver a tener esperanza en un futuro mejor para todos los habitantes de esta tierra.
Dios nos guíe y nos conceda la paz de mente y espíritu para vernos reflejados en el otro, sin importar cómo sea el otro.
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