Y qué será lo que hacemos?
Durante estas últimas dos semanas, no sé si es por una hipersensibilidad de mi parte, he notado una capacidad para el abandono a mi alrededor que, ciertamente, me tiene impresionado.
Soy una persona que se puede etiquetar como de la generación que se encuentra en la mitad de la vida, recientemente cumplí 48 años. Entiendo que no tengo suficiente edad para sentirme más allá del bien y del mal, como cualquier persona que acumule una cantidad de años y de experiencias que le permitan ver la vida desde el punto de lo ya transitado. Sin embargo, tampoco me encuentro en el grupo de aquellos que tienen una vida por delante y tienen todo un camino por recorrer. Ya he vivido muchas cosas, y creo estar entrando en la etapa de preparación para dar paso a los que vienen creciendo detrás de mi.
Sin embargo, es de ese grupo donde más me ha llamado la atención el desinterés y el abandono por todo.
No estoy pidiendo que sean idealistas y que quieran hacer la revolución, cosa que por lo general era lo que quería hacer los jóvenes. No es cuestión de que sean un grupo que quiera cambiar las estructuras, antes que las estructuras los cambien a ellos, tal como leí en las tiras de Mafalda. Al contrario, me ha llamado la atención cosas mucho más cotidianas y simples.
Durante estas semanas, por múltiples razones, mi horario de trabajo se ha extendido mucho en las tardes, lo cual me ha obligado a suspender mis sesiones de entrenamiento, que es lo que hago luego del trabajo. Para mi entrenar es el momento en el cual me libero de las tensiones, es el tiempo que comparto con mis amigos de manera despreocupada y es la manera como lucho por mantenerme sano y no sentir que el tiempo limita mis condiciones físicas. Es mi forma de invertir mi tiempo libre, una manera mía, mejor o peor que la de los demás, pero mía. Supongo que las demás personas también tienen su forma particular de invertir su tiempo libre, lo cual es algo sagrado, privado, personal, es algo que, según mi criterio, se encuentra en lo que denomino la vida privada, lugar al cual solo se debe acceder en caso de ser invitado. Cualquier otra forma de acceso, es una violación a la privacidad, lo que implica una violación a los derechos del ser humano.
Durante estas semanas, me he dado cuenta que la defensa a ese espacio ha sido mucho más frontal y decidida por personas como yo y mayores, que por personas mucho más jóvenes. Esta situación me ha llamado poderosamente la atención. Siendo una persona mucho más joven, era mucho más imprudente y defendía mis ideas de una manera más frontal. Cuál era la razón de ser tan arrojado? Simple, no tenía nada que perder, no tenía familia que mantener, no tenía hipoteca que pagar, tenía mucho que ganar y poco que perder. El defender mis puntos de vista era la forma de hacerme un lugar en la sociedad, de mostrarme como persona independiente de mi grupo familiar, crearme una identidad y formarme como un ser humano completo. Durante ese período aprendí cosas nuevas, cometí muchos errores, dije muchas cosas de las cuales puedo arrepentirme. Fue un período que considero difícil, muchas veces lleno de excesos, pero visto desde hoy, fue una etapa de maduración en la cual aprendí y crecí como ser humano.
Me preocupa sobre manera la forma en la cual las personas más jóvenes se han acostumbrado a permitir que las cosas sucedan y aceptarlas simplemente. Es impresionante el sentir que mis ideas son más liberales, a pesar de mi edad, que las de una persona de 25 o 30 años. No entiendo cómo vamos a evolucionar como sociedad si no hacemos una critica profunda de todo lo que pasa a nuestro alrededor, incluyendo nuestro propio comportamiento.
El dejar ser, dejar pasar, no implica el aceptar las cosas sin tratar de mejorarlas, implica el respetar las ideas y la forma de vida de los demás, implica celebrar la diferencia y agradecer la diversidad de ideas. Pero en ningún caso, debemos aceptar las cosas como dogmas. La sociedad es un cuerpo vivo, somos las células de ese cuerpo y, si deseamos que sea más justa, más organizada, más comprensiva, debemos tener una actitud critica.
No es justo para nadie dejar que las cosas empeoren solo por el hecho de tener una zona de confort. Debemos romper las telas de araña que nos entumecen el espíritu para poder cambiar lo que no nos satisface. Tenemos que evitar que el tiempo se escape sin remedio, mientras observamos desde nuestras ventanas, como pasan las cosas y nuestra sociedad no mejora. El compromiso es personal y la responsabilidad de lograr mejorar es de todos y cada uno de los integrantes de un colectivo. El solo hecho de no hacer nada, nos hace responsables del fracaso.
Durante estas últimas dos semanas, no sé si es por una hipersensibilidad de mi parte, he notado una capacidad para el abandono a mi alrededor que, ciertamente, me tiene impresionado.
Soy una persona que se puede etiquetar como de la generación que se encuentra en la mitad de la vida, recientemente cumplí 48 años. Entiendo que no tengo suficiente edad para sentirme más allá del bien y del mal, como cualquier persona que acumule una cantidad de años y de experiencias que le permitan ver la vida desde el punto de lo ya transitado. Sin embargo, tampoco me encuentro en el grupo de aquellos que tienen una vida por delante y tienen todo un camino por recorrer. Ya he vivido muchas cosas, y creo estar entrando en la etapa de preparación para dar paso a los que vienen creciendo detrás de mi.
Sin embargo, es de ese grupo donde más me ha llamado la atención el desinterés y el abandono por todo.
No estoy pidiendo que sean idealistas y que quieran hacer la revolución, cosa que por lo general era lo que quería hacer los jóvenes. No es cuestión de que sean un grupo que quiera cambiar las estructuras, antes que las estructuras los cambien a ellos, tal como leí en las tiras de Mafalda. Al contrario, me ha llamado la atención cosas mucho más cotidianas y simples.
Durante estas semanas, por múltiples razones, mi horario de trabajo se ha extendido mucho en las tardes, lo cual me ha obligado a suspender mis sesiones de entrenamiento, que es lo que hago luego del trabajo. Para mi entrenar es el momento en el cual me libero de las tensiones, es el tiempo que comparto con mis amigos de manera despreocupada y es la manera como lucho por mantenerme sano y no sentir que el tiempo limita mis condiciones físicas. Es mi forma de invertir mi tiempo libre, una manera mía, mejor o peor que la de los demás, pero mía. Supongo que las demás personas también tienen su forma particular de invertir su tiempo libre, lo cual es algo sagrado, privado, personal, es algo que, según mi criterio, se encuentra en lo que denomino la vida privada, lugar al cual solo se debe acceder en caso de ser invitado. Cualquier otra forma de acceso, es una violación a la privacidad, lo que implica una violación a los derechos del ser humano.
Durante estas semanas, me he dado cuenta que la defensa a ese espacio ha sido mucho más frontal y decidida por personas como yo y mayores, que por personas mucho más jóvenes. Esta situación me ha llamado poderosamente la atención. Siendo una persona mucho más joven, era mucho más imprudente y defendía mis ideas de una manera más frontal. Cuál era la razón de ser tan arrojado? Simple, no tenía nada que perder, no tenía familia que mantener, no tenía hipoteca que pagar, tenía mucho que ganar y poco que perder. El defender mis puntos de vista era la forma de hacerme un lugar en la sociedad, de mostrarme como persona independiente de mi grupo familiar, crearme una identidad y formarme como un ser humano completo. Durante ese período aprendí cosas nuevas, cometí muchos errores, dije muchas cosas de las cuales puedo arrepentirme. Fue un período que considero difícil, muchas veces lleno de excesos, pero visto desde hoy, fue una etapa de maduración en la cual aprendí y crecí como ser humano.
Me preocupa sobre manera la forma en la cual las personas más jóvenes se han acostumbrado a permitir que las cosas sucedan y aceptarlas simplemente. Es impresionante el sentir que mis ideas son más liberales, a pesar de mi edad, que las de una persona de 25 o 30 años. No entiendo cómo vamos a evolucionar como sociedad si no hacemos una critica profunda de todo lo que pasa a nuestro alrededor, incluyendo nuestro propio comportamiento.
El dejar ser, dejar pasar, no implica el aceptar las cosas sin tratar de mejorarlas, implica el respetar las ideas y la forma de vida de los demás, implica celebrar la diferencia y agradecer la diversidad de ideas. Pero en ningún caso, debemos aceptar las cosas como dogmas. La sociedad es un cuerpo vivo, somos las células de ese cuerpo y, si deseamos que sea más justa, más organizada, más comprensiva, debemos tener una actitud critica.
No es justo para nadie dejar que las cosas empeoren solo por el hecho de tener una zona de confort. Debemos romper las telas de araña que nos entumecen el espíritu para poder cambiar lo que no nos satisface. Tenemos que evitar que el tiempo se escape sin remedio, mientras observamos desde nuestras ventanas, como pasan las cosas y nuestra sociedad no mejora. El compromiso es personal y la responsabilidad de lograr mejorar es de todos y cada uno de los integrantes de un colectivo. El solo hecho de no hacer nada, nos hace responsables del fracaso.
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