La felicidad de Blanca y lo que mi madre no entiende
Mientras la veo caminando rampa abajo, veo lo delgada que es, los años que carga en su espalda, las noches de angustia y quien sabe cuantas penas que su rostro surcado de arrugas no refleja. Blanca camina con una sonrisa en la cara, se le ve alegre, como que al fin le sacó algo a la vida, a la dura lucha que mantiene. Me paro a su lado y la saludo, con cariño, no se por qué, pero su forma de ser me hace tenerle aprecio, a pesar que nos conocemos poco. Le pregunto sobre su vida, no la veo desde mediados de diciembre y ya casi se nos fue enero. Alegre me cuenta que al fin le adjudicaron el apartamento, que a su hija también. Dos años su hija, uno y algo ella viviendo en los refugios, pero al fin les dieron las llaves. Esa noticia me alegra sinceramente, definitivamente, me hace ser feliz el hecho que ahora Blanca y su hija tengan un techo, que no tengan que temer por la lluvia, que puedan decir que tienen casa. Me cuenta unas cuantas cosas más, pero no hay forma de que esconda la alegría que la plena. Nos despedimos, queda en mí una felicidad extraña, una sensación que de alguna manera, dentro de este caos que llamamos país, pasan cosas buenas.
Llamo a mi madre, me cuenta todo lo malo que sucede en el país, el trafico en la ciudad por la marcha del 23 de enero, la congestión en la ARC el día de ayer por el accidente de la gandóla, la falta de electricidad, y demás cosas. En cierto punto me comenta que el tráfico va a empeorar cuando le asignen los apartamentos a "esa gente". Es aquí donde no logro seguir comunicándome con mi madre y prefiero inventar una excusa para colgar el teléfono.
Cuando nos referimos a las personas que van a ser beneficiadas por los apartamentos de la misión vivienda de esa forma despectiva, nos olvidamos que ellos, tal como nosotros, son personas que tienen aspiraciones en la vida, desean vivir mejor, en lugares limpios y seguros, con suficiente seguridad y asistencia médica, en fin, deseamos lo mismo.
Podemos tener cualquier cantidad de diferencias, podemos quejarnos que la manera de construir las viviendas para estas personas harán colapsar los servicios públicos por la falta de planificación con la cual se desarrollan, que la manera como fueron expropiados los terrenos violó los derechos de los propietarios, todo esto y mucho más es cierto. Quizás son las viviendas más caras en términos calidad precio que se puedan construir jamás. Pero hay algo que no podemos objetar, todas estas personas que de una u otra manera viven en situación de riesgo tienen derecho a una vida mejor, y el vivir en un sitio mejor es un derecho de todos.
Muchas son las razones por las cuales estas personas no tienen las herramientas necesarias para lograr, con su solo esfuerzo, adquirir un sitio donde vivir. Podemos discutirlas, podemos acusarnos, podemos incluso revisar cientos de trabajos que tratan de explicarlo, pero si algo no es discutible desde ninguna óptica, es que como seres humanos tienen dignidad y merecen tener la oportunidad de vivir dignamente. Y es obligación de la sociedad el proteger a todas aquellas personas que por cualquier razón queden marginadas del proceso de desarrollo. Es nuestra obligación como país procurar que todos tengamos un mejor nivel de vida.
Es la parte que no entiendo y que al parecer la gente como mi madre no logra entender. "Esas personas" también quieren vivir mejor, lo único que, por falta de formación, de oportunidades, de nutrición o de todas las anteriores, no lograron desarrollar sus habilidades y están de una manera obligada, sumergidas en la pobreza, de la cual, no lograrán salir solos. Es con ellos la deuda que tenemos como sociedad. Es necesario que entendamos que nuestra mejor inversión es procurar que mi vecino este bien, ya que si él está bien, yo también lo estaré.
Llamo a mi madre, me cuenta todo lo malo que sucede en el país, el trafico en la ciudad por la marcha del 23 de enero, la congestión en la ARC el día de ayer por el accidente de la gandóla, la falta de electricidad, y demás cosas. En cierto punto me comenta que el tráfico va a empeorar cuando le asignen los apartamentos a "esa gente". Es aquí donde no logro seguir comunicándome con mi madre y prefiero inventar una excusa para colgar el teléfono.
Cuando nos referimos a las personas que van a ser beneficiadas por los apartamentos de la misión vivienda de esa forma despectiva, nos olvidamos que ellos, tal como nosotros, son personas que tienen aspiraciones en la vida, desean vivir mejor, en lugares limpios y seguros, con suficiente seguridad y asistencia médica, en fin, deseamos lo mismo.
Podemos tener cualquier cantidad de diferencias, podemos quejarnos que la manera de construir las viviendas para estas personas harán colapsar los servicios públicos por la falta de planificación con la cual se desarrollan, que la manera como fueron expropiados los terrenos violó los derechos de los propietarios, todo esto y mucho más es cierto. Quizás son las viviendas más caras en términos calidad precio que se puedan construir jamás. Pero hay algo que no podemos objetar, todas estas personas que de una u otra manera viven en situación de riesgo tienen derecho a una vida mejor, y el vivir en un sitio mejor es un derecho de todos.
Muchas son las razones por las cuales estas personas no tienen las herramientas necesarias para lograr, con su solo esfuerzo, adquirir un sitio donde vivir. Podemos discutirlas, podemos acusarnos, podemos incluso revisar cientos de trabajos que tratan de explicarlo, pero si algo no es discutible desde ninguna óptica, es que como seres humanos tienen dignidad y merecen tener la oportunidad de vivir dignamente. Y es obligación de la sociedad el proteger a todas aquellas personas que por cualquier razón queden marginadas del proceso de desarrollo. Es nuestra obligación como país procurar que todos tengamos un mejor nivel de vida.
Es la parte que no entiendo y que al parecer la gente como mi madre no logra entender. "Esas personas" también quieren vivir mejor, lo único que, por falta de formación, de oportunidades, de nutrición o de todas las anteriores, no lograron desarrollar sus habilidades y están de una manera obligada, sumergidas en la pobreza, de la cual, no lograrán salir solos. Es con ellos la deuda que tenemos como sociedad. Es necesario que entendamos que nuestra mejor inversión es procurar que mi vecino este bien, ya que si él está bien, yo también lo estaré.
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