El Cristo de los pobres de latinoamerica y mi amiga Blanca
Cuando comparamos a alguien con Cristo, seguro que ese alguien sale mal parado en la comparación. No hay manera que un ser humano sea superior a Cristo, quien es la imagen del hombre verdadero.
Sin embargo, cuando mi amiga Blanca recibió su apartamento en los Valles del Tuy, creo que íntimamente consideró que el presidente era similar a Cristo. Gracias al presidente, luego de muchos años de carencias y de problemas, Blanca tenía un techo donde vivir. Atrás quedó el miedo a la lluvia, lejos estaban las noches en el refugio, lugar donde vivió casi dos largos años. El sueño de su vida se había cumplido, gracias al presidente.
Sin embargo, poco tiempo pasó para que la angustia retornara a la vida de mi amiga Blanca. Me lo contó con sus ojos llenos de un miedo al futuro. Su cara, acostumbrada a arrugarse para seguir caminando, no importa la carga que lleve en la espalda ni lo que perdió en el camino, esta vez se presentaba diferente.
Esa cara, acostumbrada a llevar sol y agua, a ser la cara de la mujer excluida que lucha a brazo partido con la vida, en busca de un lugar en el mundo, esta vez tenía un semblante diferente.
La cara de Blanca refleja el miedo a que le arrebaten sus sueños, a que le quiten aquello que le ha dado sentido a su vida y por lo cual a luchado desde que tiene memoria, ella teme que le quiten el lugar que ha encontrado para vivir, el lugar que ahora llama "mi casa", lugar de sueños, lugar en el cual se refugia y donde espera reunir a su familia, donde al fin tendrá posibilidad de descansar.
Pero, cuál es la razón por la que Blanca teme?, sencillo, hay invasores que merodean y están esperando que abandone su casa para apropiarse se ella. Quienes son? Son un grupo de personas que no tienen donde vivir y que consideran que su situación es desesperada y que, según las palabras del presidente, se justifica quitarle al que tiene para satisfacer sus necesidades.
En que trampa hemos caído? Nuestra sociedad esta sumida en el irrespeto absoluto, no tenemos reglas de vida, hemos roto el pacto social por medio del cual podemos vivir con cierta tranquilidad. El valor de la vida es prácticamente cero, por lo cual mucho menos podemos esperar que nuestro trabajo, propiedades y derechos civiles sean respetados.
Es aquí donde la comparación con Cristo hace quedar mal a cualquiera. Cristo, ni en las situaciones más críticas, cuando el dolor destrozaba su alma, cuando sintió el abandono y el rechazo, atacó al otro, al contrario, intercedió ante el Padre pidiendo que nos perdonara porque no sabíamos lo que hacíamos.
Es aquí cuando es importante que evaluemos el mensaje que damos y el testimonio de nuestros actos, de ninguna manera es válido hacer que las normas sean tan flexibles que se ajusten a nuestras conveniencias y necesidades. Somos muy dados a criticar y a exigir cuando consideramos que la razón nos asiste, pero cuando no, abusamos sin el más mínimo remordimiento. Este comportamiento hace que cada día nuestra sociedad sea mas intolerante, que el abuso y la explotación sean las normas de comportamiento aceptadas.
Entonces, cómo lograremos vivir de esta forma?. Debemos entender que el cambio no depende de un líder, depende de nosotros, de nuestro comportamiento diario y de lo fiel que seamos a nuestros principios.
El fin no justifica los medios, la justicia debe ser la forma apropiada de actuar y empieza desde la manera como nos tratamos en la intimidad de nuestra familia, hasta la forma en la que apoyamos a los que consideramos nuestros líderes.
Es necesario que levantemos la voz y exijamos vivir en una sociedad con mayor respeto y solidaridad, pero esa exigencia pasa por nosotros primero.
Sin embargo, cuando mi amiga Blanca recibió su apartamento en los Valles del Tuy, creo que íntimamente consideró que el presidente era similar a Cristo. Gracias al presidente, luego de muchos años de carencias y de problemas, Blanca tenía un techo donde vivir. Atrás quedó el miedo a la lluvia, lejos estaban las noches en el refugio, lugar donde vivió casi dos largos años. El sueño de su vida se había cumplido, gracias al presidente.
Sin embargo, poco tiempo pasó para que la angustia retornara a la vida de mi amiga Blanca. Me lo contó con sus ojos llenos de un miedo al futuro. Su cara, acostumbrada a arrugarse para seguir caminando, no importa la carga que lleve en la espalda ni lo que perdió en el camino, esta vez se presentaba diferente.
Esa cara, acostumbrada a llevar sol y agua, a ser la cara de la mujer excluida que lucha a brazo partido con la vida, en busca de un lugar en el mundo, esta vez tenía un semblante diferente.
La cara de Blanca refleja el miedo a que le arrebaten sus sueños, a que le quiten aquello que le ha dado sentido a su vida y por lo cual a luchado desde que tiene memoria, ella teme que le quiten el lugar que ha encontrado para vivir, el lugar que ahora llama "mi casa", lugar de sueños, lugar en el cual se refugia y donde espera reunir a su familia, donde al fin tendrá posibilidad de descansar.
Pero, cuál es la razón por la que Blanca teme?, sencillo, hay invasores que merodean y están esperando que abandone su casa para apropiarse se ella. Quienes son? Son un grupo de personas que no tienen donde vivir y que consideran que su situación es desesperada y que, según las palabras del presidente, se justifica quitarle al que tiene para satisfacer sus necesidades.
En que trampa hemos caído? Nuestra sociedad esta sumida en el irrespeto absoluto, no tenemos reglas de vida, hemos roto el pacto social por medio del cual podemos vivir con cierta tranquilidad. El valor de la vida es prácticamente cero, por lo cual mucho menos podemos esperar que nuestro trabajo, propiedades y derechos civiles sean respetados.
Es aquí donde la comparación con Cristo hace quedar mal a cualquiera. Cristo, ni en las situaciones más críticas, cuando el dolor destrozaba su alma, cuando sintió el abandono y el rechazo, atacó al otro, al contrario, intercedió ante el Padre pidiendo que nos perdonara porque no sabíamos lo que hacíamos.
Es aquí cuando es importante que evaluemos el mensaje que damos y el testimonio de nuestros actos, de ninguna manera es válido hacer que las normas sean tan flexibles que se ajusten a nuestras conveniencias y necesidades. Somos muy dados a criticar y a exigir cuando consideramos que la razón nos asiste, pero cuando no, abusamos sin el más mínimo remordimiento. Este comportamiento hace que cada día nuestra sociedad sea mas intolerante, que el abuso y la explotación sean las normas de comportamiento aceptadas.
Entonces, cómo lograremos vivir de esta forma?. Debemos entender que el cambio no depende de un líder, depende de nosotros, de nuestro comportamiento diario y de lo fiel que seamos a nuestros principios.
El fin no justifica los medios, la justicia debe ser la forma apropiada de actuar y empieza desde la manera como nos tratamos en la intimidad de nuestra familia, hasta la forma en la que apoyamos a los que consideramos nuestros líderes.
Es necesario que levantemos la voz y exijamos vivir en una sociedad con mayor respeto y solidaridad, pero esa exigencia pasa por nosotros primero.
Los pobres siempre salen peor parados por la indefensión que experimentan. La angustia retorna para Blanca y espero que pase gracias a personas como tu Ricardo
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