Diálogo de sordos
Desde el lunes 16 de abril siento que hemos regresado a los días previos a los eventos de abril del 2002. Los cacerolazos, expresión del sentimiento de impotencia de un sector de la población, se tratan de tapar con cohetes y música. La violencia en la calle, producto de una incapacidad para definir la situación que estamos viviendo, es endosada a cada uno de los bandos.
Escribir estas líneas no ha sido sencillo, ya que tratar de analizar la situación en la cual vivimos se torna complicado. Si bien es cierto que todo ciudadano tiene el derecho de exigir que se le reconozca como tal, que el ordenamiento jurídico debe ser respetado, debemos aceptar que nosotros, como sociedad, por lo general solo exigimos el cumplimiento de las leyes cuando es en nuestro beneficio.
Durante estos catorce años el gobierno ha logrado un apoyo popular inmenso, producto de la manera como las clases populares han sido excluidas y abandonadas por el resto de la sociedad. No hace falta que hagamos un análisis profundo para comprender el por que del proceso revolucionario.
En base a este apoyo, la división de poderes públicos fue vista como una amenaza a la consolidación de un proyecto que se auto define como socialista en pro de los derechos de los pobres. Esto funciono muy bien mientras el gobierno contó con un amplio apoyo popular, pero que sucede en estos momentos?
El haber desvirtuado la imparcialidad de lo árbitros esta generando un grave problema de credibilidad en el sistema. No tenemos una instancia a la cual ambas partes consideramos como imparcial y cuyos dictámenes aceptemos como válidos. La parcialidad demostrada y aceptada por los poderes públicos, juega ahora en su contra, ya que la mitad del pueblo, ese pueblo por el cual la revolución existe, no reconoce como valido al árbitro y, en el fondo, la otra mitad dice reconocerlo por conveniencia, pero también le genera suspicacias.
Que hacer en esta situación? Creo que debemos actuar de forma sería y honesta, sentarnos con el otro a dialogar, es importante que entendamos que mientras nuestras expresiones sean cacerolas y cohetes, no hay forma que lleguemos a un acuerdo viable y duradero.
Debemos perder el miedo a reconocer la existencia del otro. Es necesario que, a pesar de las irregularidades, injusticias y violaciones a la ley, podamos entender que necesitamos desesperadamente sentarnos y entendernos. Creo que es tiempo que refundemos nuestra sociedad, que volvamos la vista atrás y observemos lo que hemos logrado durante estos catorce años, rescatando lo positivo y dejando de lado lo negativo. De nada vale tener la victoria sobre un país en ruinas, sobre una sociedad donde nos acechamos los unos a los otros, donde la forma de entendernos es aplastando al otro. La violencia que esto genera no es posible manejarla, ese demonio, en lo que se desata, no hay forma de detenerlo, sólo hasta que sacia su sed de sangre, momento que es muy tarde para una sociedad.
Creo que es el momento de entender que el otro existe, como sujeto, como ciudadano y como ser humano, por lo cual debemos rehacer nuestro pacto social y vivir de acuerdo a las normas que acordemos, de lo contrario, estamos destinados a la violencia.
Escribir estas líneas no ha sido sencillo, ya que tratar de analizar la situación en la cual vivimos se torna complicado. Si bien es cierto que todo ciudadano tiene el derecho de exigir que se le reconozca como tal, que el ordenamiento jurídico debe ser respetado, debemos aceptar que nosotros, como sociedad, por lo general solo exigimos el cumplimiento de las leyes cuando es en nuestro beneficio.
Durante estos catorce años el gobierno ha logrado un apoyo popular inmenso, producto de la manera como las clases populares han sido excluidas y abandonadas por el resto de la sociedad. No hace falta que hagamos un análisis profundo para comprender el por que del proceso revolucionario.
En base a este apoyo, la división de poderes públicos fue vista como una amenaza a la consolidación de un proyecto que se auto define como socialista en pro de los derechos de los pobres. Esto funciono muy bien mientras el gobierno contó con un amplio apoyo popular, pero que sucede en estos momentos?
El haber desvirtuado la imparcialidad de lo árbitros esta generando un grave problema de credibilidad en el sistema. No tenemos una instancia a la cual ambas partes consideramos como imparcial y cuyos dictámenes aceptemos como válidos. La parcialidad demostrada y aceptada por los poderes públicos, juega ahora en su contra, ya que la mitad del pueblo, ese pueblo por el cual la revolución existe, no reconoce como valido al árbitro y, en el fondo, la otra mitad dice reconocerlo por conveniencia, pero también le genera suspicacias.
Que hacer en esta situación? Creo que debemos actuar de forma sería y honesta, sentarnos con el otro a dialogar, es importante que entendamos que mientras nuestras expresiones sean cacerolas y cohetes, no hay forma que lleguemos a un acuerdo viable y duradero.
Debemos perder el miedo a reconocer la existencia del otro. Es necesario que, a pesar de las irregularidades, injusticias y violaciones a la ley, podamos entender que necesitamos desesperadamente sentarnos y entendernos. Creo que es tiempo que refundemos nuestra sociedad, que volvamos la vista atrás y observemos lo que hemos logrado durante estos catorce años, rescatando lo positivo y dejando de lado lo negativo. De nada vale tener la victoria sobre un país en ruinas, sobre una sociedad donde nos acechamos los unos a los otros, donde la forma de entendernos es aplastando al otro. La violencia que esto genera no es posible manejarla, ese demonio, en lo que se desata, no hay forma de detenerlo, sólo hasta que sacia su sed de sangre, momento que es muy tarde para una sociedad.
Creo que es el momento de entender que el otro existe, como sujeto, como ciudadano y como ser humano, por lo cual debemos rehacer nuestro pacto social y vivir de acuerdo a las normas que acordemos, de lo contrario, estamos destinados a la violencia.
Señor Ricardo, le escribo porque no sé su email. Me gustaría saber si se han tomado medidas para evitar la situación con la casa de fiestas ilegal que existe en la calle los molinos de la Campiña, si hay posibilidad de recoger firmas para llevarlas a pdvsa o qué, creo que debemos actuar YA porque sino esa gente va a seguir pisoteándonos como vecinos. Todos merecemos descansar. Un saludo cordial, Valerio Rinaldi.
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