Somos la imagen en el espejo...


Durante mucho tiempo hemos vivido en una polarización que ha hecho difícil el convivir. Sin hacer un esfuerzo muy grande, puedo recordar momentos realmente dificiles; el paro petrolero, las marchas, el catorce de abril, los rumores sobre la llegada al pais de miles de bolsas para cadáveres, los mitos sobre los círculos bolivarianos, las acciones de la difunta Lina Ron, las invasiones y muchas cosas más, de las cuales realmente podemos sentir vergüenza como sociedad. Y digo vergüenza porque no hemos sido capaces de construir los caminos de entendimiento que nos permitan encontrar las soluciones a nuestros problemas de una manera civilizada y eficiente.
Durante mucho tiempo, cada uno de los bandos ha atacado al otro, haciéndolo responsable de los miles de problemas que vivimos, culpando al adversario de cualquier cosa, criticándolo, evidenciando sus defectos, en fin, tratando de diferenciarse de eso que ataca, convirtiéndonos prácticamente, en seres de especies diferentes.
Tristemente, si nos observamos con detenimiento y objetividad, podemos llegar a la triste conclusión que lo que vemos en el otro, todo eso que odiamos y criticamos, no es más que nuestro propio reflejo. En el otro estamos viendo reflejado nuestro propio yo, nuestro comportamiento y egoísmo.
Hagamos un esfuerzo y analicemos cualquier organización, veremos que, sin importar de qué lado milite, encontraremos actitudes clientelares, limitación de la libertad de crítica, grupos de poder que deciden sin tomar en cuenta el bienestar de todos, solo su propio beneficio, silencios cómplices, abusos de poder, etc. En todas las organizaciones veremos que se repiten estas características, desde las juntas de condomino, las iglesias, las universidades, instituciones públicas y privadas.
Entonces, que podemos concluir de esto? La conclusión es triste, somos una sociedad ciega y sin conciencia, no estamos dispuestos a procurar el beneficio y la igualdad para todos los que la componen, solo estamos dispuestos a tomar ventaja del otro, sin importar las consecuencias de nuestros actos.
Siendo así, no hay revolución ni contra revolución que genere el camino hacia el bien colectivo, solo estamos en presencia del establecimiento de la ley de la selva, donde el más fuerte es el único que sobrevive. Triste, sobre todo porque no todos podremos sobrevivir.

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