Morir por la patria?
Es la noche del sábado 22 de Febrero de 2014, tenemos desde el 12 de Febrero de este año una situación de violencia desbordada.
No es que antes de esa fecha la delincuencia no matase a miles de residentes todos los días, es que ahora, tenemos grupos de manifestantes en la calle y una brutal represión por parte de los cuerpos de seguridad del estado y de colectivos armados.
Leer las noticias, donde no solo se describen lo que sufren los manifestantes, bien sea por estar cerrando las calles o en sus casas caceroleando, sino conocer sin muchos detalles, las torturas a las cuales son sometidos cuando los detienen, es algo triste, violento y que llena de indignación.
Es aquí donde me pregunto, morir por la patria?
Muchos amigos, artículistas, políticos y gente de a pié describen el sacrificio de estas personas como algo heroico, sublime, digno de ejemplo. Es así, no hay amor más grande que aquel que entrega su vida por los demás. Es cierto, pero me pregunto, si estamos frente a personas que están luchando por un país mejor, por un futuro con posibilidades, lograrlo sobre la muerte lo hará posible?.
Cuando una persona muere asesinada, es el resultado del mayor acto de maldad que puede infringir el hombre al hombre mismo. Para poder asesinar, es necesario que el asesino no reconozca en la victima a alguien similar a él, es decir, la victima no es un ser que tiene algo en común con el victimario, son tan diferentes que sobran las razones para eliminarlo. Esto, es una atrocidad, una salvajada, un acto donde el otro pierde la categoría de ser humano, donde pasar a ser un estorbo, un obstáculo, algo que es necesario eliminar. Esto explica la posición del asesino, pero, qué sucede con la víctima?
He tratado de hacer el ejercicio en muchas oportunidades de tomar el lugar de las víctimas, en este caso, las víctimas no son solo las personas que son asesinadas, torturadas y vejadas, son también sus familias, sus amigos, sus parejas, esas personas son afectadas directamente por la violencia que genera la muerte. Quedan marcadas con ese dolor, que no se supera, se aprende a vivir con el, se aprende a lidiar con el. Recuerdo una frase de una película, The rabit hole, donde definía ese dolor como un peso en un bolsillo, unos días era más pesado, otros más liviano, pero siempre estaba allí. Es una buena descripción, sin embargo, ese dolor no es algo inerte, ese dolor afecta nuestras vidas, nos hace ser seres tristes, melancólicos, pero también nos genera resentimiento, rencor, odio.
Los familiares y amigos de los asesinados quedan marcados de una forma que, en muchas ocasiones, guardan ese resentimiento y nunca lo superan. Es mucho pedirles que sigan viviendo y que no sientan ese rencor, es un camino difícil de recorrer y no podemos ponerles condiciones.
Pero debemos estar conscientes que la sociedad se levantará sobre estas personas, con estos rencores, entonces, estamos en presencia de una sociedad que vive con una tensión interna, con una queja solapada, con un deseo de resarcir la pérdida que tarde o temprano explotará y generará más violencia.
No voy a generalizar, solo hablo como víctima de esa situación. En los años posteriores a la dictadura de Pérez Jimenez, bajo un gobierno de AD, un tío, del cual no tengo memoria, yo solo tenía dos años, fue asesinado por la policía política de la época, según lo poco que se habla en la familia del hecho. Como dije, no tengo recuerdos de ese hombre, pero si tengo un resentimiento heredado hacia todo lo que signifique represión, incluso, no llego a odiar, pero nunca le he tenido lo que se diga cariño al partido AD. Es a esto a lo que me refiero, cómo poder suponer que una sociedad puede vivir armónicamente si existen esos odios solapados entre sus miembros?
Mientras más mártires tengamos, más familias golpeadas por el dolor tendremos, en muchos casos, existirá un odio latente, esperando la oportunidad para devolver el golpe, quizás con mayor fuerza.
Es de estar forma que construiremos una nación? Es esta una manera de defender la patria?, creo que es la manera de sembrar las semillas para que la patria desaparezca.
Es tiempo que busquemos maneras de resolver nuestras diferencias, de solventar los conflictos que tenemos entre nosotros, que no son pocos y tampoco sencillos, pero con violencia y con mártires, no lograremos ganar una paz estable en el tiempo.
La ley del Talión, "Ojo por ojo, diente por diente, cardenal por cardenal" fue un adelanto para limitar la violencia entre los hombres. Pero la única forma de lograr una paz verdadera es abrazar a tu enemigo, amar a tú prójimo. Es cuesta arriba, difícil en extremo, pero es menos doloroso que enterrar a un hijo, a un hermano o a un amigo.
No es que antes de esa fecha la delincuencia no matase a miles de residentes todos los días, es que ahora, tenemos grupos de manifestantes en la calle y una brutal represión por parte de los cuerpos de seguridad del estado y de colectivos armados.
Leer las noticias, donde no solo se describen lo que sufren los manifestantes, bien sea por estar cerrando las calles o en sus casas caceroleando, sino conocer sin muchos detalles, las torturas a las cuales son sometidos cuando los detienen, es algo triste, violento y que llena de indignación.
Es aquí donde me pregunto, morir por la patria?
Muchos amigos, artículistas, políticos y gente de a pié describen el sacrificio de estas personas como algo heroico, sublime, digno de ejemplo. Es así, no hay amor más grande que aquel que entrega su vida por los demás. Es cierto, pero me pregunto, si estamos frente a personas que están luchando por un país mejor, por un futuro con posibilidades, lograrlo sobre la muerte lo hará posible?.
Cuando una persona muere asesinada, es el resultado del mayor acto de maldad que puede infringir el hombre al hombre mismo. Para poder asesinar, es necesario que el asesino no reconozca en la victima a alguien similar a él, es decir, la victima no es un ser que tiene algo en común con el victimario, son tan diferentes que sobran las razones para eliminarlo. Esto, es una atrocidad, una salvajada, un acto donde el otro pierde la categoría de ser humano, donde pasar a ser un estorbo, un obstáculo, algo que es necesario eliminar. Esto explica la posición del asesino, pero, qué sucede con la víctima?
He tratado de hacer el ejercicio en muchas oportunidades de tomar el lugar de las víctimas, en este caso, las víctimas no son solo las personas que son asesinadas, torturadas y vejadas, son también sus familias, sus amigos, sus parejas, esas personas son afectadas directamente por la violencia que genera la muerte. Quedan marcadas con ese dolor, que no se supera, se aprende a vivir con el, se aprende a lidiar con el. Recuerdo una frase de una película, The rabit hole, donde definía ese dolor como un peso en un bolsillo, unos días era más pesado, otros más liviano, pero siempre estaba allí. Es una buena descripción, sin embargo, ese dolor no es algo inerte, ese dolor afecta nuestras vidas, nos hace ser seres tristes, melancólicos, pero también nos genera resentimiento, rencor, odio.
Los familiares y amigos de los asesinados quedan marcados de una forma que, en muchas ocasiones, guardan ese resentimiento y nunca lo superan. Es mucho pedirles que sigan viviendo y que no sientan ese rencor, es un camino difícil de recorrer y no podemos ponerles condiciones.
Pero debemos estar conscientes que la sociedad se levantará sobre estas personas, con estos rencores, entonces, estamos en presencia de una sociedad que vive con una tensión interna, con una queja solapada, con un deseo de resarcir la pérdida que tarde o temprano explotará y generará más violencia.
No voy a generalizar, solo hablo como víctima de esa situación. En los años posteriores a la dictadura de Pérez Jimenez, bajo un gobierno de AD, un tío, del cual no tengo memoria, yo solo tenía dos años, fue asesinado por la policía política de la época, según lo poco que se habla en la familia del hecho. Como dije, no tengo recuerdos de ese hombre, pero si tengo un resentimiento heredado hacia todo lo que signifique represión, incluso, no llego a odiar, pero nunca le he tenido lo que se diga cariño al partido AD. Es a esto a lo que me refiero, cómo poder suponer que una sociedad puede vivir armónicamente si existen esos odios solapados entre sus miembros?
Mientras más mártires tengamos, más familias golpeadas por el dolor tendremos, en muchos casos, existirá un odio latente, esperando la oportunidad para devolver el golpe, quizás con mayor fuerza.
Es de estar forma que construiremos una nación? Es esta una manera de defender la patria?, creo que es la manera de sembrar las semillas para que la patria desaparezca.
Es tiempo que busquemos maneras de resolver nuestras diferencias, de solventar los conflictos que tenemos entre nosotros, que no son pocos y tampoco sencillos, pero con violencia y con mártires, no lograremos ganar una paz estable en el tiempo.
La ley del Talión, "Ojo por ojo, diente por diente, cardenal por cardenal" fue un adelanto para limitar la violencia entre los hombres. Pero la única forma de lograr una paz verdadera es abrazar a tu enemigo, amar a tú prójimo. Es cuesta arriba, difícil en extremo, pero es menos doloroso que enterrar a un hijo, a un hermano o a un amigo.
Muy buena reflexión. Sí, estoy de acuerdo. Veo dos cosas, por un lado la parte íntima del ser humano, con su dolor, su pena, y por otra, lo que creo que sería menos doloroso, la parte colectiva del que "se dió" por los demás y por sus ideales, y ahí también hay gracia, hay don divino y hay amor, un abrazo, lo copio en Facebook
ResponderEliminar