Cuando todo cambia de golpe
Para mi correr se ha convertido en un medio para llegar a las profundidades, o las alturas, de mis pensamientos y oraciones. Muchas veces cuando corro recuerdo a mi familia, a mis difuntos, a mis amigos, conocidos, también medito acerca de mis problemas, anhelos, esperanzas, proyectos, en fin, son kilómetros en los cuales me encuentro conmigo, con Dios, con mis miedos, son momentos de soledad que me permiten ver muchas de las cosas que el ruido de la cotidianidad no me permite.
Esta tarde, cuando comenzaba a correr, recibí una llamada de un nuevo amigo. El es una de esas personas que nos encontramos en el camino y, que por alguna razón, su trato es fácil, nos sentimos en confianza casi que al momento de conocernos y algo hace que fluya una comunicación entre ambos. Mi nuevo amigo, a quien nombrare de esta forma, está en un momento de su vida en el cual su realidad cambió profundamente. Hasta hace una semana sus preocupaciones eran otras. En esos momentos su atención se centraba en la necesidad de tener el dinero suficiente para poder comprar, de tener la suerte de encontrarlos, los materiales para terminar su casa. Adicionalmente, estaba próximo a ser abuelo por primera vez. Como se dice, su vida tenía el curso de lograr metas, aspiraciones, de llegar a obtener el fruto del trabajo de una vida.
Todo esto cambió de un día para otro, su esposa empieza a sentir dolores en un seno y desde ese momento todo es diferente. Las prioridades se desdibujan, todo gira en torno a la posibilidad de una enfermedad que no tenemos el valor de nombrar, el miedo al dolor, a lo desconocido, a la posibilidad de la muerte, a mi nuevo amigo la vida se le volteó en un instante.
Mientras corría pensaba en él, pedía a Dios por la salud de su esposa, y vino a mi mente lo que muchas veces escuche sin darle valor, vivir como si fuera tú ultimo día. Siempre que escuchaba esa frase me imaginaba fiestas desenfrenadas, alcohol en exceso, falta de limites, en fin, la perdición hecha frase. Hoy comprendí que es al contrario, vivir como si fuera mi último día equivaldría a amar y demostrar más el amor a los que me rodean, compartir más el tiempo con aquellos a quienes quiero, dejar de temer por el futuro, por las cosas que pueden pasar, dejar de tratar que las cosas sean exactamente como las he planificado, al contrario, disfrutar de los minutos de vida que Dios nos regala.
Creo que debemos dar gracias por los momentos que pasamos con nuestros seres queridos, tratar de mantener relaciones positivas, donde el amor y la comprensión sean la norma. No es caer en el juego de la irresponsabilidad y el desenfreno el vivir como si hoy fuese el último día, al contrario, es vivir de tal forma que el respeto y el amor, la verdad y la honestidad, el servicio y la entrega, nos permitan disfrutar de todos los que nos rodean, pudiendo extender la mano y conseguir a alguien que nos brinde su amor y su compañía.
Espero que la esposa de mi nuevo amigo se recupere, pero en el ínterin, espero haber aprendido la lección y tratar de disfrutar de mis días como si fueran los últimos.
La única condición para morir es estar vivo, entonces es necesario que valoremos la vida y no la perdamos anhelando cosas que son superfluas y no dan sentido a nuestra existencia.
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