Un silente grito de esperanza
En La Loma, Baruta, muy cerca de Caracas, crece una comunidad, mezcla entre la rural y lo urbano, entre barrio y caserío. Muchos kilómetros de terreno que se van poblando en forma desorganizada, pero a la vez que muestran la esperanza de sus pobladores. La necesidad de un lugar donde vivir, de una casa propia, las ganas de vivir mejor, la búsqueda de un futuro.
En las calles y carreteras de esa zona, es frecuente encontrar a un grupo de mujeres vestidas con una falda azul a media pierna, camisa blanca manga tres cuartos, zapatos planos, pelo recogido. No son la imagen de la "belleza criolla", no muestran lo que vemos en la TV ni en las vallas publicitarias. Son mujeres que viven y batallan diariamente con la realidad humana, las Misioneras de la Misericordia, son las responsables de la Vicaria de Nuestra Señora de La Paz.
Conocerlas, es conocer el temple y el coraje de hacer frente a la vida, de entregarse en la ayuda al otro, al más necesitado. Estas mujeres dejan ver en su forma de vivir lo que es el servicio, guiadas por el amor a Dios y sostenidas por el mensaje del evangelio.
Con recursos prácticamente inexistentes, tienen un aula integral, unitaria, denominada CAINA, en la cual reciben a los niños sin escolaridad, aquellos seres que están en el mayor estado de necesidad, tanto física como espiritual. Los niños CAINA, como yo los denomino, están en la vicaria, lejos de la calle, de la violencia, del abandono, desde las 7 a,m. hasta las 4 p.m., Pregunté a la hermana Ana María, cuánto costaba un niño CAINA, a lo cual ella, viendo al cielo, me respondió que con lo que suben los precios de todo, no podía decirme. Se las arreglan para darles desayuno y almuerzo, con tristeza en la cara y, hasta con vergüenza, confiesa que no le alcanza para darles la merienda, por lo cual los manda de regreso a sus casas sin nada más en el estómago.
Salimos a visitar la zona con los "lideres vecinales", gente que ellas forman para que evangelicen en sus respectivos sectores. Es un trabajo arduo el llevar esperanza, la buena noticia a una extensión de kilómetros y de población tan grande. Caminamos por calles y veredas, tocamos puertas, hablamos con la gente en la calle, todos de una u otra forma, reconocen a estas personas formadas por las misioneras. Es gente de la zona que ha sido ganada para el servicio, para visitar al enfermo, para consolar al que sufre, para que todos recordemos que el amor de Dios nos cubre a todos, a pesar de las dificultades.
Los "lideres vecinales" reciben una formación, que en ningún caso es improvisada, por las misioneras. Semanalmente se reunen, planifican las actividades, hacen retiros, reportan los casos de personas que necesitan mayor atención, los lugares donde hay enfermos, es una organización que va sumergiéndose en las entrañas de la comunidad creciente.
Llegar a la Vicaria el sábado al medio día, es encontrar a las hermanas cocinando y sirviendo almuerzo a los "niños de los sábados", niños que no tienen comida en su casa y que tocan la puerta pidiendo algo de comer. Las hermanas siempre tratan de enseñar a todo el que está cerca de ellas, les dicen a los niños que les darán de comer, pero que las cosas hay que ganarlas con trabajo honesto. Los niños gustosos ayudan en las labores de la vicaria, que son muchas, bien sea pasando una escoba, cortando el jardín o sembrando en el terreno que está en la parte de atrás.
También hay una guardería-preescolar, que abrirá este lunes 26 de septiembre, para 39 niños. Junto a esto hay cursos de enfermería, manualidades, costura y otros que se me escapan.
La actividad de la vicaria no tiene límites, ayudar y servir, seguir a Cristo, dar esperanza, es la norma de vida para estas hermanas y sus "lideres vecinales".
Dentro de tantas cosas difíciles, la esperanza fundada en Cristo empuja a estas personas a apostar por la vida, en contra de toda apuesta.
Paz y Bien!
En las calles y carreteras de esa zona, es frecuente encontrar a un grupo de mujeres vestidas con una falda azul a media pierna, camisa blanca manga tres cuartos, zapatos planos, pelo recogido. No son la imagen de la "belleza criolla", no muestran lo que vemos en la TV ni en las vallas publicitarias. Son mujeres que viven y batallan diariamente con la realidad humana, las Misioneras de la Misericordia, son las responsables de la Vicaria de Nuestra Señora de La Paz.
Conocerlas, es conocer el temple y el coraje de hacer frente a la vida, de entregarse en la ayuda al otro, al más necesitado. Estas mujeres dejan ver en su forma de vivir lo que es el servicio, guiadas por el amor a Dios y sostenidas por el mensaje del evangelio.
Con recursos prácticamente inexistentes, tienen un aula integral, unitaria, denominada CAINA, en la cual reciben a los niños sin escolaridad, aquellos seres que están en el mayor estado de necesidad, tanto física como espiritual. Los niños CAINA, como yo los denomino, están en la vicaria, lejos de la calle, de la violencia, del abandono, desde las 7 a,m. hasta las 4 p.m., Pregunté a la hermana Ana María, cuánto costaba un niño CAINA, a lo cual ella, viendo al cielo, me respondió que con lo que suben los precios de todo, no podía decirme. Se las arreglan para darles desayuno y almuerzo, con tristeza en la cara y, hasta con vergüenza, confiesa que no le alcanza para darles la merienda, por lo cual los manda de regreso a sus casas sin nada más en el estómago.
Salimos a visitar la zona con los "lideres vecinales", gente que ellas forman para que evangelicen en sus respectivos sectores. Es un trabajo arduo el llevar esperanza, la buena noticia a una extensión de kilómetros y de población tan grande. Caminamos por calles y veredas, tocamos puertas, hablamos con la gente en la calle, todos de una u otra forma, reconocen a estas personas formadas por las misioneras. Es gente de la zona que ha sido ganada para el servicio, para visitar al enfermo, para consolar al que sufre, para que todos recordemos que el amor de Dios nos cubre a todos, a pesar de las dificultades.
Los "lideres vecinales" reciben una formación, que en ningún caso es improvisada, por las misioneras. Semanalmente se reunen, planifican las actividades, hacen retiros, reportan los casos de personas que necesitan mayor atención, los lugares donde hay enfermos, es una organización que va sumergiéndose en las entrañas de la comunidad creciente.
Llegar a la Vicaria el sábado al medio día, es encontrar a las hermanas cocinando y sirviendo almuerzo a los "niños de los sábados", niños que no tienen comida en su casa y que tocan la puerta pidiendo algo de comer. Las hermanas siempre tratan de enseñar a todo el que está cerca de ellas, les dicen a los niños que les darán de comer, pero que las cosas hay que ganarlas con trabajo honesto. Los niños gustosos ayudan en las labores de la vicaria, que son muchas, bien sea pasando una escoba, cortando el jardín o sembrando en el terreno que está en la parte de atrás.
También hay una guardería-preescolar, que abrirá este lunes 26 de septiembre, para 39 niños. Junto a esto hay cursos de enfermería, manualidades, costura y otros que se me escapan.
La actividad de la vicaria no tiene límites, ayudar y servir, seguir a Cristo, dar esperanza, es la norma de vida para estas hermanas y sus "lideres vecinales".
Dentro de tantas cosas difíciles, la esperanza fundada en Cristo empuja a estas personas a apostar por la vida, en contra de toda apuesta.
Paz y Bien!

Buenas palabras para esta realidad que no tiene publicidad. Nuestra oración y apoyo a las hermanas misioneras de la misericordia para que sigan llevando la esperanza del Resucitado a aquellos que sienten y viven la pasión y crucifixión.
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