La violencia nuestra de cada día

El problema de la violencia en el que estamos sumergidos es mucho mayor de lo que somos capaces de entender.
Cuando vemos la palabra violencia, automáticamente la asociamos con las cifras de muertos semanales, con la cantidad de secuestros, robos y demás delitos que nos afectan como sociedad. Estos hechos son sumamente lamentables, pero considero que no entendemos que la violencia va mucho más allá de estos terribles registros.
Nos hemos acostumbrado en nuestro diario actuar a una violencia mucho más directa, que palpamos y sufrimos y nuestros cerebros ya no la registran como tal.
Existen situaciones que definimos como "normales" que son sumamente violentas, situaciones cotidianas que son tan radicales como cuando nos asaltan o nos secuestran.
Muchas mañanas, cuando llevo a mi hija al colegio, nos topamos con adorables señoras que hacen transporte escolar. Son nuestras vecinas, son la señora Ramos que me llevaba al colegio cuando me inscribieron por primera vez en la escuela DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, en Mariperez, en el año 1.970. Aquella adorable Sra. Ramos, tal como la actual, ejerce la violencia de la manera mas descarada cada vez que se detiene frente a un edificio o casa, o frente al colegio, a recoger o a dejar a sus "adorables pasajeros", sin importar si obstaculiza por completo la circulación de una calle o avenida, sin importar si esta mal parada. Total, la adorable Sra. Ramos, en cuyas manos dejamos a nuestros hijos, trabaja honestamente, pero su comportamiento de una manera continua y reiterada le esta enseñando a nuestros hijos que no importa el otro, que lo único importante es lo que cada uno de nosotros hace. La suerte del otro, su bienestar o, en muchos casos, su vida no es nuestro problema. Lo mismo hacemos cuando vamos hablando o fumando mientras manejamos, ponemos en peligro la vida de todos aquellos que nos rodean, ya que el más mínimo descuido puede causar un accidente.
Al seguir analizando nuestro diario acontecer, necesariamente tenemos que volver la mirada a los medios de comunicación. Actualmente casi todos los medios de comunicación, se han convertido en un campo de batalla sin cuartel, donde se acusa de los actos más reprochables al otro.
Creo que es una conducta adecuada servir de tribuna para denunciar los actos reñidos con la ley, pero también es necesario pensar que el ser humano no puede vivir perennemente bajo la denuncia absoluta. Pareciera que no existe nada bueno nunca. Somos tan bajos y sucios, que nuestros actos no generan el más mínimo gesto de bondad.
Por último esta nuestra forma de expresarnos, nos dirigimos al otro de una manera grosera, violenta, despectiva. El discurso de Rafael Ramírez, las declaraciones de la presidenta del tribunal supremo de justicia, las constantes entrevistas de Marta Colonmina, la eterna crítica de 3 para las 9, son muestra de la total y absoluta intolerancia y violencia a la cual estamos expuesto y contribuimos diariamente.
Toda esta realidad creo que es el detonante para que aquellas personas que, por excluidas, viven en un ambiente donde vivir o morir son actos prácticamente sin ningún valor se conviertan en víctimas y verdugos. En sus verdugos y en nuestros verdugos.
Creo que debemos empezar a pensar en el efecto de nuestros más pequeños actos sobre el todo en el cual vivimos, es como la teoría del efecto mariposa de la película, un pequeño aleteo puede crear un tornado.
Quizás con pequeños gestos y cambios profundos en nuestro actuar diario, podamos generar un cambio positivo en nuestra vida.

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