El último venezolano virgen
"El último venezolano virgen", recuerdo que fue la frase con la cual me etiquetó uno de mis hermanos cuando me comentaba que un fulano, dueño de un super avión, le había dicho que me conocía. Mi hermano se maravillaba del éxito financiero del fulano, ya que además del super avión, el fulano tenía un super carro, una super lancha, una super casa, se daba super vacaciones y, por supuestos, andaba con "un culo que estaba podrido de bueno", palabras textuales de mi hermano y pido disculpas por el léxico tan ordinario. Claro, mi hermano me comparaba con el fulano y en la comparación, mi vida era algo así como sosa, ya que vivo de un sueldo y debo levantarme todas las mañanas muy temprano a llevar a mi hija al colegio y luego a trabajar, sin tener las super cosas del fulano.
El jueves en la noche, noticias 24 publicó una lista de venezolanos que busca la interpol por los casos de los bancos intervenidos y, a pesar que el fulano no esta entre ellos, no se por qué razón lo recordé. En esa lista hay gente de muchas edades, pero hay gente muy joven, que quizás, no soy juez, tomaron el camino fácil de obtener riquezas y lograr tener "éxito en la vida", y me preguntaba si nosotros como sociedad no estamos generando una trampa para que sucedan estas cosas.
La naturaleza del hombre tiene algo, que en economía podríamos definir como la "propensión marginal a delinquir" y en teología se le define como la "conscupicencia" que es la tensión que existe entre hacer las cosas bien y el hacer el mal. Las religiones lo llaman pecado, de forma de poder definirlo y hacer un concepto fácil de manejar por todo el mundo.
Este "pecado" según San Agustín, es el pecado original y mancha a todos y cada uno de los hombres, pero entiendo que es la situación en la cual nacemos que nos aliena de tal forma que, si no seguimos las directrices de la sociedad, somos unos fracasados.
Nuestra sociedad nos lleva a ser consumidores en potencia, como diría el Padre Pedro Trigo, a consumir de una manera tal que destruimos el planeta, y si no logramos consumir, no lograremos la felicidad. Pero ese deseo por consumir, que raya en la obsesión, hace que se cometan locuras.
Desde el adolescente que es asesinado por un par de zapatos de marca, hasta la mujer que pone su vida en manos de cualquier mata sanos por un implante de senos, la necesidad de consumir y "ser alguien", nos lleva a fijar nuestros valores, nuestro norte, en el tener y no en el ser.
La tan mencionada crisis de los cuarenta no es más de un inventario de la cantidad de bienes que hemos acumulado durante ese período de la vida. Y siempre salimos perdiendo, ya que siempre nos vamos a comparar con el fulano y sus "super cosas", incluyendo el "culo".
Cuando hacemos el inventario no contamos los momentos de felicidad, pocas veces nos acordamos de la felicidad que sentimos cuando nos mudamos a nuestro primer hogar como seres independientes, capaces de mantenernos por nosotros mismos.
Tampoco recordamos lo que sentimos cuando vimos el primer eco o escuchamos por vez primera, el latir del corazón de nuestros hijos antes de nacer. Y puedo seguir enumerando cosas, cosas que de una forma u otra nos han formado como seres humanos y que no tienen precio porque no están a la venta, pero que las hemos relegado como muy secundarias, ya que no nos dan "prestigio".
En épocas como estas, en las cuales se empiezan a destapar rollos interminables y empiezan a detener a personas "exitosas", es cuando creo que ha valido la pena una vida normal, vida que en mi caso me ha dado mucho, quizás muchisimo más de lo que soy merecedor, a pesar que si, soy uno de los muchos "venezolanos vírgenes" que no tenemos una super vida.
Creo que la evidencia nos lleva a una conclusión lógica, debemos aspirar a tener una buena vida y no una vida cara. Los bienes materiales son necesarios para nuestra vida, pero nuestra sociedad cambió de lugar los términos, ahora la vida es necesaria para poder tener bienes.
El jueves en la noche, noticias 24 publicó una lista de venezolanos que busca la interpol por los casos de los bancos intervenidos y, a pesar que el fulano no esta entre ellos, no se por qué razón lo recordé. En esa lista hay gente de muchas edades, pero hay gente muy joven, que quizás, no soy juez, tomaron el camino fácil de obtener riquezas y lograr tener "éxito en la vida", y me preguntaba si nosotros como sociedad no estamos generando una trampa para que sucedan estas cosas.
La naturaleza del hombre tiene algo, que en economía podríamos definir como la "propensión marginal a delinquir" y en teología se le define como la "conscupicencia" que es la tensión que existe entre hacer las cosas bien y el hacer el mal. Las religiones lo llaman pecado, de forma de poder definirlo y hacer un concepto fácil de manejar por todo el mundo.
Este "pecado" según San Agustín, es el pecado original y mancha a todos y cada uno de los hombres, pero entiendo que es la situación en la cual nacemos que nos aliena de tal forma que, si no seguimos las directrices de la sociedad, somos unos fracasados.
Nuestra sociedad nos lleva a ser consumidores en potencia, como diría el Padre Pedro Trigo, a consumir de una manera tal que destruimos el planeta, y si no logramos consumir, no lograremos la felicidad. Pero ese deseo por consumir, que raya en la obsesión, hace que se cometan locuras.
Desde el adolescente que es asesinado por un par de zapatos de marca, hasta la mujer que pone su vida en manos de cualquier mata sanos por un implante de senos, la necesidad de consumir y "ser alguien", nos lleva a fijar nuestros valores, nuestro norte, en el tener y no en el ser.
La tan mencionada crisis de los cuarenta no es más de un inventario de la cantidad de bienes que hemos acumulado durante ese período de la vida. Y siempre salimos perdiendo, ya que siempre nos vamos a comparar con el fulano y sus "super cosas", incluyendo el "culo".
Cuando hacemos el inventario no contamos los momentos de felicidad, pocas veces nos acordamos de la felicidad que sentimos cuando nos mudamos a nuestro primer hogar como seres independientes, capaces de mantenernos por nosotros mismos.
Tampoco recordamos lo que sentimos cuando vimos el primer eco o escuchamos por vez primera, el latir del corazón de nuestros hijos antes de nacer. Y puedo seguir enumerando cosas, cosas que de una forma u otra nos han formado como seres humanos y que no tienen precio porque no están a la venta, pero que las hemos relegado como muy secundarias, ya que no nos dan "prestigio".
En épocas como estas, en las cuales se empiezan a destapar rollos interminables y empiezan a detener a personas "exitosas", es cuando creo que ha valido la pena una vida normal, vida que en mi caso me ha dado mucho, quizás muchisimo más de lo que soy merecedor, a pesar que si, soy uno de los muchos "venezolanos vírgenes" que no tenemos una super vida.
Creo que la evidencia nos lleva a una conclusión lógica, debemos aspirar a tener una buena vida y no una vida cara. Los bienes materiales son necesarios para nuestra vida, pero nuestra sociedad cambió de lugar los términos, ahora la vida es necesaria para poder tener bienes.
Comentarios
Publicar un comentario