El camino que nos queda

Anoche, cuando a media noche me despertaron las cacerolas, inmediatamente consulte mi cuenta de twitter. Fue muy triste el ver que nuevamente la libertad de expresión se limite, usando tecnicismos legales.
En su rueda de prensa el funcionario esgrime una ley, es cierto, pero esa ley fue creada para acusar y juzgar a alguien. Las leyes las estamos elaborando para lograr los fines de un grupo de gente, no para tener unas reglas de convivencia que nos permitan crecer como sociedad.
La salida del aire de un medio de comunicación, independientemente de su tendencia política, debido a presiones de tipo oficial por el gobierno de turno no es algo que nuestro actual gobierno inventó, como tampoco es algo que no se viviera en Venezuela en tiempos pasados.
El utilizar la fuerza, el poder, ya sea el físico, el político y/o el económico es algo a la cual estamos acostumbrados.
Desde que tengo memoria recuerdo que siempre había "formas" de obtener las cosas más rápido que siguiendo los canales regulares. Tan es así que, todavía hoy, me maravilla el saber de personas que obtienen sus pensiones, sus cédulas, sus pasaportes o cualquier otra cosa en forma "normal".
Nuestra cultura le guarda culto a aquel que es tan hábil, tan "vivo" que nunca hace cola, que siempre obtiene los mejores puestos, que tiene "contactos" que le confieren poder. Esto va desde conocer al parquero de un restaurant hasta ser recibido por el presidente de una institución.
Esa admiración por seres con este tipo de "éxito" nos ha traído hasta donde estamos.
Nos quejamos que el gobierno no respeta las leyes, pero nosotros mismos nos comemos los semáforos, nos coleamos en las colas, sobornamos a los fiscales y mil cosas más que consideramos "picardias" que nos caracterizan.
Sin ir más lejos, anoche mismo, habían personas que clamaban por un golpe militar o una salida de fuerza. Mis respetos para con esas personas, pero creo que nuestro problema radica principalmente en que no aceptamos nuestras propias normas de vida.
No estamos dispuestos a respetar ni a respetarnos, somos egocéntricos y nos consideramos poseedores de la verdad absoluta. En este caso, no hay manera de llegar a acuerdos de convivencia entre nosotros, ya que cada quién sacará la mayor ventaja del otro, entonces nuestra vida girará en torno a resarcirnos de la afrenta propinada por los otros.
Este razonamiento lo que nos llevará aun eterno responsabilizar al otro de lo que nos pasa, sin hacer un verdadero examen de conciencia, donde aceptemos que tenemos nuestra cuota de responsabilidad en el problema y en la solución.
No sigamos buscando alguien que nos salve, trabajemos en nuestros ámbitos para lograr ambientes sanos en nuestras familias y comunidades, lo cual generará que tengamos una sociedad más respetuosa y tolerante.
El camino que nos queda es el de construir puentes de diálogo y buscar justicia, no venganza, para construir una sociedad de iguales.

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