la hermana de mi amiga

Muchas veces escucho frases, incluso yo mismo las digo, en el cual despreciamos el país donde vivimos, decimos que la gente de aquí es gente abusadora, ignorante y los responsables de vivir en la situación en la que estamos. Cuando hablamos de esa forma, nos sentimos superiores, gente que tenemos la desgracia de convivir con esos incivilizados que nos rodean.
Sin embargo, al detenernos a observar nuestro comportamiento, podemos advertir que somos igual o peor que "esa gente" a la cual responsabilizamos de todos nuestros males.
Recientemente esa verdad me salpicó la cara de una forma en la cual no pude sino aceptar que muchas veces decimos y hacemos cosas que nos colocan justo en el nivel de sociopatas, razón por la cual, comparto la historia.
Tengo una amiga a la cual quiero mucho, ella es una muy buena persona, responsable, honesta, respetuosa y con una gran conciencia social. Con el paso de los años he conocido a gran parte de su familia, son una familia que podría definir como "acomodada", por supuesto, son culturalmente pertenecientes al sector de la población que podríamos definir como modernos.
Sorpresa la mía cuando una mañana la hermana de mi amiga, en forma muy descarada, se salta la cola que estamos haciendo todos en forma ordenada para salir a una avenida, circulando por el canal contrario y colocándose justo delante de mi. Por convicción, nunca le cedo el paso a las personas que hacen este tipo de cosas, por lo cual, la hermana de mi amiga, en actitud de ofendida, volvió a salirse de nuestro canal y a colocarse todavía más adelante. Paso ese día y quedé con el recuerdo del comportamiento de la señora.
Días más tarde, coincido con la mencionada señora y, para mayor sorpresa, la encuentro en una avenida, atestada de carros, comiéndose la flecha, de la manera más descarada. Sin importarle nada, infringió la ley, se burlo de todos los que circulábamos en esa avenida y llego a su casa.
Estos actos me han hecho pensar mucho en la forma como nos comportamos, pensamos que somos los merecedores de todos los beneficios, sin importar la situación o el bienestar de los demás. Con nuestra actitud fomentamos la anarquía, el irrespeto y creamos un ambiente inmanejable.
Al revisar un poco más detalladamente nuestra cotidianidad, me doy cuenta que actuamos de esa manera siempre, cuando emitimos una opinión, procuramos que sea la definitiva, bien sea elevando la voz, riendo de manera que demuestre que nuestras ideas son correctas y las otras no. Cuando festejamos, no tenemos consideración con el vecino, nos importa poco su estado de ánimo o los compromisos que pueda tener, incluso, cuando acudimos a nuestros oficios religiosos, no somos cuidadosos con los otros que acuden al mismo servicio, solo actuamos en beneficio propio.
Con pequeñas obras podemos comenzar a construir una sociedad segura, donde se respeten las instituciones y donde la inclusión sea la norma, pero si no respetamos las pequeñas normas de convivencia, que en pocas palabras, son la forma de influir en el ámbito directo que nos rodea, nunca podremos tener el país que aspiramos.
Al influir en nuestro entorno, influimos en todo nuestro mundo, así sea en una forma muy pequeña. Son cambios ínfimos, pero que pueden hacer la diferencia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Validar la firma, mi experiencia

Por qué no desearles paz?