Mis amigos solicitados

Muchas veces conocemos personas que de una u otra forma se vuelven cercanas, quizás muy cercanas. Luego, con el paso del tiempo la intensidad de esas relaciones se va perdiendo y la cotidianidad hace que la distancia se presente en las relaciones.
Van pasando los días y con ellos, se van juntando semanas sin que se presente la oportunidad de una llamada, un café o tan siquiera un apretón de manos.
Con el paso de los años, aquellos con los cuales fuimos cercanos se convierten en recuerdos, agradables muchas veces, pero eso, recuerdos.
Más tarde o más temprano nos toparemos en algún sitio y podremos hablar cinco minutos, prometiéndonos retomar el contacto, cosa que pocas veces logramos. Sin embargo, en esos pequeños reencuentros la mayoría de las veces nos damos cuenta que los cambios por lo general solo son superficiales, más viejos, más gordos o calvos en el caso de los hombres, en el caso de las mujeres más sensuales o con más curvas o labios, pero en fin, son solo son cambios de "imagen", ya que el contenido por lo general sigue siendo el mismo, aunque un poco más "añejo".
Sin embargo, recientemente leyendo la prensa veo, con mucha sorpresa, a una de esas personas que describí, solicitada. Me impresionó mucho, ya que inmediatamente pensé en su familia, en las ambiciones y en las sueños que muchas veces comentamos, en la forma en la cual veíamos el futuro, es decir, en lo que yo conocí de esa persona.
Al recordar todo eso, también me vino a la mente las imágenes y los testimonios de los familiares de las personas que están en la cárcel o que son víctimas de los muy comunes ajustes de cuenta y, me dí cuenta, que somos muchos personajes en una misma vida.
Quizás sea muy difícil el poder juzgar a una persona por un solo hecho que marca su existencia, pero tristemente, el hecho que cobra mayor relevancia es aquel que rompe con su hilo de comportamiento.
Hasta ese instante, hasta el momento en el cual un resbalón nos lleva en una dirección contraría, eramos personas coherentes con nuestras ideas y nuestros principios, pero en esa pequeña falla, todo lo que hemos sido hasta ese momento se pierde, se olvida.
Instantáneamente dejamos de ser el buen amigo, el buen hijo, el buen padre. Pasamos a ser una persona con un "delito a cuestas", una persona a la cual ya nadie quiere, una persona poco conveniente.
Es difícil tratar de comprender las razones que nos llevan a dar un cambio de esa naturaleza, pero sin lugar a dudas deben existir montones. Razones que explican el comportamiento, no que lo justifiquen, pero que nos arrojarían luz para poder entender y, quizás, ser misericordiosos en estas situaciones.
Solo espero poder recordar en estos casos a aquel que se agachó y con el dedo dibujaba en la tierra, para luego decir "el que este libre de culpa que arroje la primera piedra"...

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