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  1. Nos acostumbramos al fuego, ¿podremos salir de su círculo?
    Diariamente nuestro entorno se vuelve mucho más agresivo, incluso parece que nuestra actividad intelectual, nuestra falta de solidaridad, nuestra intolerancia esta generando cambios tan profundos que afecta todo lo que nos rodea. Hoy tenemos una cantidad de semanas con una ciudad llena de humo, producto de la cantidad de incendios que se presentan en el país. Incluso, Uverito, un bosque de pinos caribes plantado hace muchos años, ardió, generando el incendio más grande de sur américa. Estamos sumidos en un remolino de insatisfacciones, de odio, de atropellos, a tal punto que no tenemos la posibilidad de pensar más allá de nuestra propia y limitada situación. Necesitamos aire, necesitamos agua, necesitamos entender que podemos reconstruir y reconstruirnos. Podemos caminar hacia un futuro mejor, debemos hacerlo. El madurar es poder cerrar los conflictos del pasado y poder emprender el nuevo camino, sin tener la carga de odio y rencor que nos pesa en los hombros.
    Cuando el hijo pródigo regresó a su casa, el Padre no le recitó todas las cosas malas que había hecho, solo se alegró, porque ese hijo que estaba muerto había vuelto.
    Necesitamos entender que mientras estemos vivos siempre podremos cambiar, a pesar de lo que hagamos hecho, la posibilidad de cambio es una realidad, solo tenemos que darnos cuenta dónde debe originarse ese cambio.
    Pongamos flores en nuestras casas, sembremos árboles en nuestros jardines o aceras, donde sea, empecemos a buscar que la vida nos rodee, de manera que recordemos que estamos vivos y que vale la pena vivir, incluso cuando sentimos que estamos siendo torturados por la realidad que nos cae encima día a día. No olvidemos que somos dueños de nuestros pensamientos y, en lo más profundo de nuestro ser siempre seremos libres, ya que es parte de nuestra naturaleza y no hay forma de cambiar esa realidad.

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