Celebrar la muerte

La muerte es un hecho concreto y absolutamente seguro en la vida de cualquier ser humano. Dependiendo de nuestras creencias, podemos considerarla como el final absoluto de la existencia, o sencillamente una transformación o un paso hacia otra realidad. Para los que somos cristianos, consideramos la muerte como el paso por el cual nos acercamos a Dios, estaremos en su presencia y podremos disfrutar de la infinita misericordia que El representa. 
Sin embargo, el festejar la muerte de un ser humano no necesariamente implica el considerar que desde ese momento los sufrimientos de este viaje temporal terminan y se estará ante la presencia de Dios.
Puedo recordar tres eventos que me han hecho pensar sobre la alegría que genera la muerte para algunas personas. Cuando mataron a un alto jefe de las FARC, el actual presidente Santos declaró que el asesinato del guerrillero en cuestión representaba una gran victoria para el pueblo colombiano y que estaban de júbilo por dicha muerte. Lo mismo ocurrió con el asesinato de Osama Bin Laden, el presidente Obama y muchos de los norteamericanos festejaron la muerte del terrorista. El más reciente caso lo observamos este jueves, cuando el precio de la deuda de los bonos venezolanos subía en forma importante ante la noticia de la hospitalización y deterioro eminente de la salud del presidente de Venezuela.
En estos tres casos, podemos ver que los motivos de alegría se centran en la eliminación física de personas, se celebra por inflingir un daño tan grande a un ser humano que lo eliminas totalmente, procurando que sus acciones sean borradas totalmente. Incluso, en el caso de Osama Bin Laden, ni siquiera se respetó su dignidad de ser humano y su cuerpo fue desaparecido, de manera de procurar borrar su existencia.
Me parece sumamente triste que como seres humanos lleguemos a celebrar e incluso, a tomar decisiones económicas en base a la eliminación de un igual.
Todo ser humano tiene dignidad solo por el hecho de serlo, independientemente si su comportamiento sea tal que no se corresponda con su naturaleza. Si la persona ha actuado de manera tal que se ha convertido en un enemigo de la sociedad, considero que la sociedad no puede actuar de la misma manera, ya que estaríamos degradándonos como seres humanos, actuando de la misma forma que queremos erradicar.
Los grandes conflictos de la humanidad se han generado cuando no logramos reconocernos en el otro, cuando deshumanizamos tanto al adversario que no somos capaces de encontrar ningún rasgo común entre nosotros. Es en este momento en el que somos capaces de eliminarlo físicamente sin que nuestra conciencia nos indique que estamos cometiendo un acto atroz.
Esto sucedió en la segunda guerra mundial, sucedió en el descubrimiento de américa, sucedió en la guerra de los Balcanes y en toda forma de opresión y esclavitud. Es la razón por la cual existe la violencia hacia la mujer, hacia los negros, inmigrantes, homosexuales y demás grupos.
Mientras estemos siendo tan ciegos como para no encontrar rasgos comunes con el otro, estaremos sumidos en la violencia y en la posibilidad de enfrentarnos entre nosotros, con los daños y las víctimas que esto genera.

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